Acreditación y Evidencia de Calidad

Dr. Moises Silva Trivino Acreditación
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Acreditación y Evidencia de Calidad

Los gobiernos, la comunidad académica y política, los medios de comunicación y especialmente los estudiantes y postulantes a la educación superior y sus familias, todos ellos prometen, anhelan, esperan o exigen calidad en la oferta educacional.

Pero, ¿cómo la sociedad puede saber si una institución posee calidad, específicamente calidad educativa?

El prestigio es una forma de saberlo. Claro que la buena reputación requiere historia, pues se alcanza luego de largo tiempo, cuando son muchas las generaciones de egresados que pueden dar testimonio de la educación recibida. Los rankings aportan también información; aunque la mayoría de ellos centran su medición en aspectos como la investigación y otros que no tienen necesariamente una relación directa con la calidad de la formación inicial de profesionales. Y la publicidad no resulta suficiente ni confiable. La respuesta que crecientemente han dado los países a esta interrogante, es la aplicación de un sistema de acreditación; una herramienta que ha probado ser clave para fomentar la calidad y para dar una garantía de la misma a la sociedad, empleando ciertas pautas y procedimientos universalmente ya bien establecido.

Los usuarios internos y externos de la educación superior esperan que desde los procesos de acreditación se provea una información clara, útil y confiable y sobre todo que revista integridad. Específicamente, en lo que dice relación con la promesa educativa que hacen las IES. Lo que se refleja en elementos como los requisitos de ingreso y egreso, los perfiles de egreso y los planes de estudio, y en el cumplimiento de las recomendaciones para mejoramiento que se plantean en los informes de evaluación y en los dictámenes o decisiones de acreditación que emiten las agencias acreditadoras.

Si un sistema de acreditación intenta evaluar calidad, es preciso asumir un concepto de calidad que sea operativo de abordar. La noción que se utiliza en la mayoría de los sistemas es la que se traduce como “idoneidad para el logro de los propósitos”, vale decir, la efectividad en alcanzar los propósitos declarados. Se trata de cuán efectivamente una institución, carrera o programa posee ciertos atributos o aspectos cuya caracterización se establece mediante un conjunto de estándares y criterios, los que se organizan en aspectos como la idoneidad y suficiencia del cuerpo académico; la disponibilidad, calidad y utilización de recursos de infraestructura y educacionales; la integridad y efectividad del gobierno institucional, la administración, los servicios de apoyo al estudiante, la enseñanza y el aprendizaje, y los mecanismos de regulación interna, entre otros. Al aplicar tales referentes, los elementos específicos pueden variar como también el foco de los mismos, sea en los insumos, los procesos o los resultados.

Pero no siempre resulta sencillo para las instituciones relevar, organizar y exhibir las evidencias de que posee los atributos que traducen el cumplimiento de los todos y cada uno de los aspectos implicados en los estándares y criterios.  Algo que no es de ninguna manera conveniente de abordar a última hora, antes de entregar la información a la agencia acreditadora (usualmente un informe de autoevaluación o autoestudio). Es entonces una fase de alta presión sobre la comunidad académica, especialmente sobre sus directivos. Muchas veces, buenas instituciones ven desmedrado su resultado en acreditación debido a una inadecuada o insuficiente organización y respaldo de las evidencias de su calidad.

Es por lo tanto de sumo conveniente que las instituciones establezcan un sistema interno que les permita, independiente-mente de la inminencia de enfrentar una acreditación, de manera continua y sistemática, identificar y organizar las evidencias y respaldos, ojalá múltiples, de cómo satisfacen cada uno de los estándares y criterios o de cómo progresan en este camino. Aquí es clave y constituye una formidable facilitación y ahorro de tiempo y recursos la disposición de un apropiado diseño y uso de tecnología que incorpore y procese datos e información. Información que incluye logros en términos de cifras y hechos y sus respaldos y resultados varios de análisis y de la aplicación de ajustes de calidad a través del tiempo.

John Ruskin señaló acertadamente que “la calidad nunca es un accidente; siempre es el resultado de un esfuerzo de la inteligencia”.  Y una acreditación exitosa demanda además el esfuerzo inteligente de relevar y disponer de manera suficiente y adecuada la evidencia de la calidad.

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