Buenas prácticas en planificación estratégica para las universidades

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Buenas prácticas en planificación para las universidades

Así como la planificación estratégica es una gran ayuda para la gestión en educación superior, las buenas prácticas son excelentes herramientas que facilitan la implementación de estos planes.

Las buenas prácticas ayudan a recordar constantemente a las personas cuáles son las metas finales que deben ser logradas y evitan que la gente se pierda en las tareas diarias, sirven también para linear distintos enfoques personales en torno a objetivos comunes y a fortalecer el compromiso y motivación de las personas.

Ahora bien, así como lo explicamos en un blog anterior, las universidades deben asegurar el cumplimiento de algunos factores clave para tener una apropiada implementación de la planificación estratégica, y estos factores también se aplican a las buenas prácticas. Una visión institucional clara, el compromiso, la comunicación y la adaptabilidad a los cambios ayudan a que las buenas prácticas sean realmente efectivas y percibidas por las personas como un verdadero apoyo.

Las buenas prácticas en el campus

La mayoría de las buenas prácticas que las instituciones de educación superior han estado usando para asegurar una apropiada implementación de planes estratégicos están relacionadas con cómo las personas se involucran en el proceso de planificación, porque en definitiva el éxito depende principalmente de las personas, de cómo éstas entienden, implementan, usan y finalmente se comprometen con la planificación estratégica para lograr objetivos.

La empresa de servicios de información Hanover Research desarrolló el reporte “Planificación estratégica en educación superior: Buenas prácticas y benchmarking”, en el cual resume la mayoría de estas prácticas que son utilizadas actualmente en las universidades:

– Involucrar al equipo de la facultad y a los estudiantes en el desarrollo del plan. Se obtienen mejores resultados cuando la planificación estratégica es una misión de todos dentro de una institución de educación superior.

  • Sostener reuniones para que las personas puedan aportar antes de la planificación. Para contar realmente con el compromiso de cada miembro de la organización, primero se debe recolectar opiniones de personas para saber cómo ellos pueden contribuir al proceso.
  • Sostener reuniones para que las personas aporten en los primeros diseños del plan. Su equipo puede ayudar a mejorar la planificación estratégica aportando enfoques e ideas sobre la realidad cotidiana y la cultura interna de la institución, las cuales son consideraciones básicas que facilitan el diseño y la implementación del proceso.
  • Revisión colectiva de la data para identificar métricas de éxito. Una vez más, las personas son la clave del éxito. Se puede contar con la ayuda de los equipos de trabajo para determinar cuáles son las métricas correctas que se deben usar.
  • Fijar metas de corto plazo en pequeñas piezas junto con los grandes objetivos de largo plazo. Una gran meta dividida en una serie de objetivos más pequeños ayuda a las personas a asumir un gran desafío – tal como lo es la implementación de una planificación estratégica – de manera más fácil.
  • Monitorear los progresos a través de revisiones periódicas. A través del chequeo constante es más fácil mantener el rumbo de un proceso de largo plazo como lo es un plan estratégico.

Además, el consultor Patrick Sanaghan y la experta Mary Hinton proponen en un ensayo conjunto – publicado en Inside Higher Ed – algunas buenas prácticas relacionadas con el balance que debiera existir entre los distintos actores del proceso.

  • La junta directiva de consejeros necesita tener un rol equilibrado en el proceso de planificación estratégica.

“El hecho de que los distintos stakeholders que conforman una facultad o un campus dirijan el proceso de planificación estratégica podría dificultar a algunos consejeros cumplir con su misión de escuchar, o bien de fijar la trayectoria y las prioridades estratégicas de la institución. Esta es una tendencia que los presidentes de directorios en educación superior están reportando. Por supuesto que los consejeros necesitan jugar un rol importante e informado en el proceso de planificación. De esta manera, mientras ellos se responsabilizan por asegurar que el plan sea llevado a cabo y las metas cumplidas, la ejecución diaria del plan ocurre en el campus”, explican Sanaghan y Hinton.

  • Es importante evitar “escucharse demasiado”. “Prestar atención al ambiente externo es una práctica y una necesidad en pleno desarrollo. La facultad y los administradores necesitan poner su atención en lo que sucede a nivel regional, nacional e incluso internacional (…). Los stakeholders del campus, no solo los de nivel senior, necesitan entender el panorama completo y cambiar el contexto de la educación superior sobre bases en desarrollo. Este tipo de compromiso solo puede ocurrir si el presidente y los líderes senior crean oportunidades para que las personas puedan ser convocadas y discutir eventos, tendencias y asuntos de frente a su institución”.

“Esto no es un asunto de una sola vez. Deben haber múltiples oportunidades a través de los años para que ocurran estas importantes discusiones. Estos análisis FODA (Fortalezas y Oportunidades, Debilidades y Fortalezas) internos son un componente vital del proceso de planificación para asegurar que la estimación del plan es realista y está en desarrollo”.

Así como las estrategias debieran estar diseñadas para cada institución de educación superior, las buenas prácticas también requieren ser un reflejo justo de la cultura del campus, de tal manera que la definición e implementación de estas herramientas siempre deba contar con la contribución de cada stakeholder en la organización.

¿De qué manera su universidad gestiona la ayuda de los stakeholders para implementar una planificación estratégica? En su experiencia ¿Cuáles son las buenas prácticas más efectivas para implementar en el plan de una universidad? Lo invitamos a compartir un comentario.

 

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