¿La educación superior afectada por la proporción alumno-profesor?

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Proporcion ideal alumno profesor

En la planificación de recursos para la educación superior, el número bajo de profesores por estudiante suele ser parte del sistema de aseguramiento de la calidad de las mejores universidades del mundo. ¿Es así en la realidad?

La planificación de docentes suele ser un gran desafío para las universidades latinoamericanas. Los administradores de cada universidad deben calcular la asignación de horarios para distintos tipos de profesores – sean de planta, a honorarios, e invitados – ya sea por curso, sección, horario, disponibilidad etc.

Finalmente, deben distribuir salas y profesores de acuerdo con el número de alumnos, y asegurarse de contar con pocos estudiantes por profesor en sala, una certificación de calidad educativa bastante utilizada.

Las mejores universidades del mundo, de acuerdo con los principales rankings de educación superior, como el QS World University Rankings o el Times Higher Education (THE) debe entregar un indicador de docentes por alumno.

¿Qué mide este indicador?

De acuerdo a QS World University Rankings, este indicador mide “el número de académicos de planta de la institución en relación al número de alumnos matriculados a tiempo completo”. Para el Times Higher Education, “es la relación de estudiantes a tiempo completo respecto al número de académicos, sean docentes o investigadores”.

Por ejemplo, en una institución con 4.800 estudiantes a tiempo completo, con 400 profesores de planta, la relación sería de 12 a 1. Esta clasificación equivale al 10 % del ranking de QS World University Rankings, en tanto solo a un 4,5 % de la evaluación de Times Higher Education

Para QS, esto “nos da una idea del compromiso a la enseñanza y apoyo al estudiante por parte de cada institución de educación superior, a falta de otro método confiable para evaluar la calidad de la enseñanza”. Para el Times Higher Education, “las universidades con más docentes por estudiante tienen mejores posibilidades de crear un ambiente de enseñanza comprometido e interactivo”.

Para Tom Mendelson, editor de educación de The Independent, “aunque no se puede garantizar que un número mayor de académicos sea necesariamente mejor para la docencia, en términos generales, en la medida que las universidades contratan más académicos, hay una mayor cercanía con los estudiantes, y estos obtendrán más valor de su grado académico”.

¿Mide el número de profesores por estudiante la calidad de la educación superior?

Dentro de los sistemas de medición de la calidad de la enseñanza, muchos dicen que puede ser un buen predictor de éxito, y es un referente tanto en la planificación académica como en la comparación con otras instituciones. Sin embargo, al igual que con los rankings de calidad educativa, muchos expertos ponen en cuestionamiento cómo se usa.

The Guardian, que publica anualmente una guía de universidades del Reino Unido, advierte que su ranking “solo incluye a aquellos académicos contratados para que asignen un porcentaje significativo de su tiempo a la docencia”, y excluye a quienes que sólo se dedican a la investigación (aunque incluye a los investigadores que hacen clases), pero en las universidades dedicadas a la investigación, esto pueda formar gran parte de su jornada.

El diario admite que “la simple relación de profesores por estudiante no refleja necesariamente la intensidad de la enseñanza y no revela nade de quién está ejerciendo la docencia. ¿Es acaso un profesor reconocido o simplemente un ayudante?”

Sostiene que el índice no tiene correlación con la calidad o el tiempo en el que un profesor invierte con los estudiantes en sala de clases, y depende mucho del tipo de asignatura y el nivel de estudio. “Se asume que todo el tiempo del promedio de los académicos – que realiza labores docentes, de investigación y otras actividades – se invierte en la sala de clases (…). Sin embargo, esto varía naturalmente entre disciplinas, instituciones y asignaturas en distintas fases de una carrera”.

Como no hay muchos datos alternativos, el profesor Court admite que este indicador “debe servir de manera sencilla y aproximada para medir qué tan adecuado es el número de docentes y que nivel de atención le entregan los profesores a la investigación y sus estudiantes”.

Para la profesora Gael McDonald, Miembro Vitalicio del Australian & New Zealand Academy of Management (ANZAM), las instituciones de educación superior están presionadas por mejorar su productividad reduciendo la tasa de docentes por estudiante, porque se ve como un equivalente de la calidad. Lo considera un “constructo inestable”, pues no tiene necesariamente relación con los resultados negativos de las universidades.

Asimismo, plantea sus dudas respecto a la administración de las universidades, por ejemplo:

  • Datos internos más precisos para medir la carga de trabajo de docentes y estudiantes, y cómo se percibe su relación de manera específica.
  • Una planificación académica integrada: las instituciones de educación superior deben alinear su planificación con su presupuesto, porque “anualmente no está claro si las asignaciones de base cubrirá el número de docentes existentes, respecto a sus costos operativos”.
  • Diferenciar la carga de académicos y administrativos: la carga de trabajo de un administrativo puede llegar a ser excesiva en varias áreas, y en muchas ocasiones las universidades integran personal a honorarios, o delegan su carga de trabajo en otros.
  • Hay una presión por mayor infraestructura, “en la medida que las instituciones no puedan acomodar a nuevos profesionales.” Se genera una mezcla compleja entre estudiantes que estudian en el campus y fuera de él.

 

Por ello, la profesora McDonald recomienda, por ejemplo:

  1. Determinar de manera apropiada qué significa “una buena cantidad de docentes”. Una clase grande depende de varios factores, como el tipo de clase (si es una cátedra, una ayudantía, un laboratorio o una práctica profesional), que tipo de pedagogía utiliza, y que percepciones o expectativas tiene cada estudiante.
  2. Las instituciones deben comprometerse a reducir las tasas de docente-alumno, para dar espacios en que los docentes puedan reunirse con estudiantes, mejoren su calidad, entreguen retroalimentación, produzcan mejores investigaciones y que se mejore el ambiente de trabajo.
  3. Ser más precisos con los datos, por cuanto la tasa de docente por alumno se podría calcular de manera distinta, dependiendo de qué tipo de profesores y estudiantes incluye.
  4. Precisar mejor las disciplinas que se miden. “A menudo, no existe una sola meta, sino que depende de las distintas disciplinas impartida en el campus”.
  5. Vincular procesos y bases de datos. Para la profesora McDonald, es muy difícil separar el financiamiento de la matricula de la dotación de docentes.

¿Qué piensas de la asignación de docentes por estudiante? ¿Son un buen indicador de la calidad de la educación?

Stephen Court, investigador del University and College Union de Londres, señala que esta medición puede ser “engañosa”, aunque es tradicionalmente un indicador para medir la adecuación de la gestión de recursos humanos en una universidad.

 

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