Pautas de retención estudiantil para la educación en línea

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Esta claro para las instituciones de educación superior que los siguientes periodos académicos serán distintos. Atrás quedaron las aprensiones por las plataformas digitales, por la educación asíncrona y por los contenidos multimedia, que hoy se presentan como la alternativa para hacer frente al escenario que la pandemia nos dejó.

El brusco movimiento hacia la educación en línea ha evidenciado e incluso impuesto nuevas diferencias entre estudiantes, como aquellos que tienen buena conectividad con los que no, o que deben compartir el acceso a computadoras. Además de las complicaciones en gestionar su tiempo de trabajo y el ser autónomos en el estudio. En este artículo, espero poder comentar sobre algunas estratégicas y pautas que han surgido cuando se ha puesto el foco en la retención del estudiante y sobre ésto, sentar las bases de hacia dónde los modelos predictivo sobre probabilidad de deserción se han estado moviendo.

En este primer ejercicio trataré líneas bien generales de todo el proceso, esperando poder retomar cada elemento en detalle en futuras entregas.

Mantener el compromiso con la institución

En una encuesta presentada por Hanover Research es interesante revisar que, de cara a la situación y sobre los principales objetivos para el próximo semestre, la mayoría de las instituciones está preocupada de ya sea el retener estudiantes o bien aumentar la matrícula. De todas maneras, el objetivo parece ser el mismo, poder asegurar una base estudiantil que permita que la operación, que de todas maneras se ha visto mermada, pueda continuar. Con todo, se trata de además generar el ambiente adecuado, de dar la bienvenida al mundo de las clases a distancia.

Seguimiento a los estudiantes

Algunos de los elementos interesantes que deben hacer las instituciones corresponden a:

  • Encuestas. Es bueno preguntar a los propios estudiantes por lo que están pasando. Aquí además hay un objetivo secundario: Mira quiénes son los que no están contestando las preguntas y dale seguimiento ¿Por qué no contestan? ¿Tienen problemas de conectividad? ¿No están atentos a las comunicaciones de la facultad? ¿Tienen problemas de gestión en el tiempo? De todas maneras,vale la pena levantar estas banderas.

Una buena iniciativa es tener disponible ahora mismo un formulario simple, y que permita a los estudiantes contactar de manera personal frente a cualquier inquietud que tengan.

Esto puede cubrir problemas tanto académicos, como incluso preocupaciones derivadas por la ansiedad o aislamiento al que los estudiantes se han visto sometidos. Muchos estudiantes utilizan los servicios de la institución, y que actualmente puede no encontrarse disponibles o limitados en su funcionamiento.

  • Seguimiento de la atención a clases. Tus estudiantes ¿Están ingresando al LMS? ¿Están llegando a las clases síncronas que están inscritos? Tal vez los horarios que antes funcionaban ahora generan conflicto y no pueden asistir. Si no atiende a la clase ¿Descarga y revisa los contenidos? ¿Entrega los trabajos (aún si es fuera de tiempo)?
  • Mantén la comunicación. Aunque sea un correo electrónico quincenal que se envíe de la administración. Lo importante es entender que la interacción -que antes se reducía a entrar al edificio y conversar directamente- se ha reducido a un aspecto más impersonal. La idea es no esperar a que los estudiantes sientan la desconexión, sino recordarles activamente que existe un canal donde pueden hacer sus preguntas o mantenerse informados de lo que está pasando.

Hacia un modelo de retención

Es lógico pensar que un estudiante «en riesgo» de deserción antes de la pandemia, estará aún más «en riesgo» ahora

Probablemente tu actual herramienta de retención estudiantil, o los parámetros sobre la cual se define un estudiante «en riesgo» de deserción no serán aplicables para este tiempo, pero no significa que no entreguen información importante. Los modelos matemáticos no dejaron de funcionar, sino que no responden a la realidad como antes. El equipo deberá poner mayor énfasis en aterrizar sus resultados a la realidad.

Típicamente, la probabilidad de deserción se representa como muestra la figura. Para esta institución, se han definido 2 cortes (ésto, en base a los objetivos que desea perseguir y la calibración del modelo predictivo, pero más sobre este tema en un futuro artículo). El primer corte, se encuentra en un 0,9 de probabilidad y que corresponde a estudiantes que directamente desertarán. La institución ha acordado que «tendrá que vivir con eso». Los recursos son limitados y la práctica le ha mostrado que la probabilidad de recuperarlos es muy baja. El segundo corte fue definido en un 0,6 de probabilidad de deserción. Entre 0,6 y 0,9 se han definido entonces los estudiantes «en riesgo» de desertar. Ya identificados, podemos focalizar aún más nuestros esfuerzos.

Reduce el alcance

En el ejemplo de la figura, una institución, ya habiendo identificado a los estudiantes que están en riesgo, ha decidido segmentar apoyado en las características de los estudiantes, algunas formas de hacer ésto fueron abordadas aquí, obteniendo grupos que permiten definir estrategias dirigidas para esos estudiantes.

Estos grupos poseen muchas ventajas. Los estudiantes se comportan similar en su interior, pero distinto frente a otros grupos, se pueden contactar de manera parecida (generalmente el mismo canal de comunicación aplica a todo el grupo) y su respuesta frente a la intervención que se realice también lo es.

Ajustando la incertidumbre por COVID-19

Es claro la que información histórica de los estudiantes no capturará nuevos factores que influyen en la deserción dada la pandemia. Adicionalmente, nueva información puede estar siendo recibida para la cual existe sustento teórico a considerar en los modelos predictivos, pincipalmente por la proliferación del uso de los LMS (Learning Management System) y la analítica que puede obtenerse a partir de la interacción con los estudiantes (abordaremos esto a futuro, pero por ahora, recomiendo algunas lecturas sobre cómo medir las clases en línea de los estudiantescómo el comportamiento del estudiante en el LMS permite predecir su rendimiento y cómo ese comportamiento en línea le permite aprender).

La recomendación es ajustar los umbrales de deserción definidos en el modelo, de manera que podamos trabajar con un número mayor de estudiantes. Además de generar intervenciones de manera escalonada, viendo hasta qué punto es necesario (o posible desde el punto de vista de los recursos) brindar las ayudas a los estudiantes.

Siguiendo con nuestro ejemplo anterior, es esta institución se definió que los estudiantes «en riesgo» serían definidos a partir de 0,5 de probabilidad de deserción. Este movimiento del umbral no tiene que ser único, se pueden generar diferentes escenarios en los cuales podemos categorizar a los estudiantes en diferentes grupos cada uno.

Otra recomendación es considerar dentro del análisis la falta de interacción cara a cara que están recibiendo los estudiantes y cómo esto afecta su compromiso.

Una última recomendación, viene a ser incorporar a los modelos de predicción los «saltos» que muestren los estudiantes en sus calificaciones o incluso en su comportamiento. Por ejemplo. un estudiante podría haber obtenido nuevos resultados hasta los pasados semestres, pero el paso a clases en línea a cambiado dramáticamente su escenario. En promedio sigue siendo un buen alumno, pero la baja del último tiempo puede seguir influyendo en su deserción más adelante. Los mismo para temas como su asistencia (si repentinamente dejó de asistir, a pesar de ser un alumno que nunca faltaba), su participación y su consulta de material.

Finalmente, los datos de deserción tienden a tener temporalidad. Comparemos nuestras predicciones con los resultados del semestre anterior equivalente (Segundo semestre 2020 con el Segundo semestre 2019, por ejemplo).

Resuelve las brechas

«No es necesario atender las necesidades de todos los grupos de estudiantes «en riesgo», sino enfocarse en los que podemos hacer la diferencia. Eso ya es un logro.

Hace un tiempo abordamos esta tarea aludiendo a que los recursos son limitados, por lo que las campañas de retención deben estar enfocadas hacia donde generen mayor impacto. Para una institución de educación superior el desafío es el mismo. En este caso, veremos elementos que ayuden a construir una solución (para mayor detalle, se espera abarcar este tema de manera particular a futuro).

Enfoquémonos en un grupo particular que ha salido de resultado de nuestro análisis de deserción ¿El problema que presentan es focalizado o puede considerarse que afecta a todos los estudiantes de la institución? ¿Qué papel juega la nueva realidad de clases en línea a la que se han tenido que adaptar?

Una intervención al grupo debe considerar

  • El momento en que se realiza ¿Se atacará el problema antes del inicio del semestre? (por ejemplo, nivelaciones de cursos) ¿Se comenzará a lidiar con el durante la primera semana? (problemas de conectividad), o es acaso algo de lo que solo se tendrá evidencia posterior a las primeras evaluaciones (bajo rendimiento, o entrega tardía de proyectos)
  • Los recursos que se dispondrán. Básicamente, si estamos hablando de ayudas económicas, horas de tutoría para los estudiantes, becas de reciprocidad o de trabajo para la institución, soporte no académico (bienestar, apoyo sicológico).
  • Cómo se comunicará la intervención. Revisar quienes son los responsables de levantar las banderas para alertar sobre cierto grupo de estudiantes, cómo se llevará el registro de cada uno en su bitácora de intervenciones. En fin, cómo se mantiene a los departamentos involucrados al tanto.
  • Seguimiento de casos. Muchas instituciones fallan en este último paso. Ya que hemos realizado la intervención es necesario medir y hacer seguimiento para ver si la respuesta del estudiante es la esperada. Cada estrategia puede tener diferentes momentos en los que es necesario revisar su estado.

Un ejemplo de como planificar las intervenciones puede verse en la siguiente tabla. Por supuesto que cada intervención puede tener asociado un costo y el equipo a cargo de la retención estudiantil puede ya contar con estadísticas de efectividad en cada caso, por lo que es posible cuantificar los recursos a disponer para cada una (como se define en el citado artículo al inicio de esta sección).

¡No se debe dejar de contactar a un estudiante «en riesgo»! Es importante que buscar activamente la comunicación con ellos, de lo contrario podrán pasar a la «zona roja» de la distribución de deserción, y terminar abandonando la institución.

En estos tiempos de incertidumbre e impersonalidad, es necesario hacer que el estudiante sienta que es parte de una comunidad universitaria, entender sus experiencias y saber buscar los mecanismos para que se mantengan comprometidos con la institución.

Este semestre nos tomó por sorpresa y hubo poco espacio para reaccionar. El próximo semestre no usemos la misma excusa ¡Anticipa!

 

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