Soluciones que facilitan la Acreditación en instituciones de Educación Superior

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La acreditación nació hace unos 60 años en Estados Unidos como respuesta al significativo aumento de matrículas en universidades después de la Segunda Guerra Mundial, y como una urgente necesidad de regular un mercado – básicamente de escuelas y universidades privadas – que comenzó a crecer rápidamente. El desafío era mantener los niveles de calidad en la enseñanza.

Hoy en día, la acreditación forma parte de la normalidad de la Educación Superior. Sin embargo, su implementación evolucionó hasta transformarse en un arma de doble filo.

Por un lado, ofrece la oportunidad de que la institución de Educación Superior sea reconocida como una entidad que ofrece educación de calidad e investigación al servicio de la sociedad. No obstante, también puede convertirse en una amenaza.

Un proceso de acreditación pone al descubierto deficiencias en la calidad y errores de gestión. Arriesga la credibilidad y reputación de la entidad.

Por ende, si la institución no se prepara y convence de que acreditarse tiene como fin un bien mayor, no puede hacer frente a los efectos colaterales que surgen en el camino.

Sobrevivir un proceso de acreditación es inevitable hoy en día.

La presión de parte de la sociedad civil y gobiernos por una educación de calidad está obligando a las universidades a adoptar estándares de acreditación más altos y a entregar resultados concretos que validen la inversión que hacen familias y estudiantes.

A continuación, explicamos tres estrategias utilizadas ampliamente en el sector de Educación Superior que hoy en día ayudan a las instituciones a prepararse adecuadamente para iniciar un proceso de acreditación. 

 

I. Los desafíos de acreditar carreras e instituciones de Educación Superior

 

Los desafíos de acreditar carreras e instituciones de Educación Superior

 

Las instituciones de Educación Superior enfrentan una presión social cada vez mayor de rendir cuentas sobre la calidad de la educación que entregan, así como los procesos y gestiones mediante las cuales buscan alcanzar este objetivo.

Las exigencias provienen desde varios frentes: una ciudadanía preocupada por la calidad de los profesionales de la salud que la atiende, de los ingenieros que construyen sus edificios, o la rigurosidad de los académicos que proponen políticas públicas.

Asimismo, una sociedad civil que cuestiona cómo el sector público distribuye el dinero de los contribuyentes en becas y créditos a universidades y centros de educación técnico-profesional.

La presión también emana de los mismos estudiantes y sus familias, como usuarios de un servicio, y del mercado laboral, que busca alimentar sus filas con profesionales que cumplan con la necesidad de capacidades y habilidades demandadas por empresas y gobiernos.

Estas exigencias llevan al sector Educación Superior a iniciar extensos procesos de certificación para acreditar la calidad de las instituciones, programas y carreras.

Un proceso de acreditación busca asegurar la calidad y transparencia de la gestión de las instituciones de Educación Superior y promover procesos internos de mejora continua.

Estos procesos normalmente son voluntarios, responden a una política pública o programa de gobierno de mejora de la calidad de la educación, y son dirigidos y supervisados por agencias acreditadoras bajo un ente regulador.

Como todo proceso de evaluación interna, la acreditación presenta desafíos y cambios importantes para la gestión de cualquier universidad.

 

1. Costo versus beneficio

La institución de Educación Superior debe primero preguntarse si está dispuesta a desembolsar tiempo y recursos, además de aceptar las consecuencias económicas, sociales y educativas de iniciar un proceso de acreditación.

Porque el costo de un proceso de acreditación solamente valdrá la pena si el beneficio es mayor al gasto, tanto monetario como en términos de mejora de la capacidad de gestión interna.

El procedimiento en sí es largo e involucra a toda la universidad, por lo tanto, los cálculos e inversión deben ser realizados siempre mirando a largo plazo.

 

2. Integrar a toda la institución en el proceso 

Las distintas facultades, centros de estudio y unidades académicas que conforman una universidad funcionan muchas veces de forma totalmente independiente de la dirección general de la institución.

Si bien toda la universidad cuenta con un modelo educativo u hoja de ruta con una misión, visión y prácticas únicas, alinear a todo el cuerpo administrativo y académico bajo un objetivo común es un trabajo complejo.

Esto involucra al personal administrativo, a profesores a tiempo completo y a los que trabajan a honorarios o bien contribuyen a las investigaciones a tiempo parcial, así como al cuerpo estudiantil en proceso de formación.

No obstante, áreas como recursos humanos, finanzas, docencia o investigación suelen funcionar de manera aislada y en silos.

Los procesos de acreditación normalmente demandan que todos se alineen en torno a un proceso colaborativo. Y esto toma tiempo.

 

3. Integrar una cultura de autoevaluación y autorregulación 

Al instalar la práctica de la mejora continua, los procesos de acreditación promueven el desarrollo constante de procedimientos de evaluación de desempeño y de mejora de planes y programas.

Por un lado, la rendición de cuentas es una carga de trabajo importante tanto para el área administrativa como para el cuerpo académico, que debe invertir buena parte de su tiempo en el llamado “control de gestión”.

No obstante, una mejora puede generar cierta incomodidad. En este caso, si bien incentiva la cohesión de la “comunidad académica”, la difusión de indicadores de desempeño puede ser vista como una amenaza por facultades que valoran su independencia respecto al resto de la universidad.

 

4. La autonomía de la institución 

Un proceso de acreditación institucional incluso somete a prueba la visión y misión de una institución.

Este proceso de evaluación estratégica puede también ser vista como una amenaza a los mismos pilares de la institucionalidad.

En tal sentido, el proceso de autoevaluación y adaptación del modelo educativo debe alcanzar un equilibrio complejo entre el cumplimiento de estándares e indicadores, y la mantención de un estilo único y característico de educación.

 

5. Coordinación con el mercado laboral 

Un elemento común de todos los programas de reforma a la educación es la transición de la entrega de conocimientos académicos a la integración de habilidades laborales.

Una crítica constante del mercado laboral es que la Educación Superior demora en hacer los ajustes necesarios para preparar bien a sus egresados con habilidades y capacidades claves.

Por esto es importante que la institución revise constantemente los perfiles de egreso de carreras, asignaturas y mallas curriculares, para que reflejen el nivel de competencias que requieren la industria y el sector público.

Clave es, entonces, mejorar la relación entre las instituciones educativas con el mercado laboral y hacer seguimiento a los mismos egresados de sus facultades, para evaluar, explorar y comparar si las carreras universitarias se ajustan rápidamente o no a la realidad laboral.

 

6. Gestión del cuerpo académico

La acreditación pone a prueba la relación entre las instituciones de educación y su cuerpo docente.

Por un lado, incentiva a integrar profesionales con mejor preparación académica. Por otro, exige rendir cuentas de su desempeño a todos los docentes. Esta última exigencia tiene repercusiones distintas entre aquellos profesores que se dedican únicamente a la academia y quienes hacen clases y trabajan en el sector productivo.

Al mismo tiempo, en la medida que las instituciones buscan acreditarse en investigación, deben buscar sinergias con docentes que dediquen más tiempo a preparar investigaciones, e investigadores que dediquen más tiempo a la docencia.

Esto implica invertir más recursos en la formación y perfeccionamiento interno de académicos. Sin embargo, algunos docentes también pueden considerar este proceso de mejora como una amenaza a su libertad de innovación y cátedra. Esta inquietud emerge ante la mayor uniformación y homogeneización de las clases como parte de la acreditación de indicadores de aprendizaje en el aula.

Es común que docentes generen conocimiento nuevo en la elaboración de sus clases y busquen dar valor agregado a sus disciplinas. La aprehensión, entonces, es que el proceso de acreditación coarte esta capacidad de innovar.

Frente a estos desafíos, es primordial que la institución difunda y sensibilice de manera inteligente a sus docentes sobre los fundamentos de la acreditación, así como las mejoras internas que ésta potenciará dentro y fuera de la sala de clases.

Al mismo tiempo, la entidad debe abrir canales de retroalimentación que permitan a sus docentes comentar el proceso y dejar constancia de los cambios que puedan estar comprometiendo la innovación al educar.

 

7. Auditoría versus Mejora Continua

Muchos confunden la acreditación con un proceso de auditoría externa común y corriente, la cual evalúa el uso adecuado de recursos y la transparencia de los procesos administrativos.

A diferencia de la auditoría, la acreditación es un catalizador de cambios internos extensos que permitan asegurar la instauración de ciertos estándares de calidad en la institución, así como la continuidad de éstos mediante monitoreos y supervisiones periódicas.

En el caso de instituciones con procesos de autorregulación más avanzados, la acreditación es efectiva al instalar políticas de mejoramiento continuo. Mientras que para las entidades que tienen sistemas de autoevaluación nuevos o incipientes, el proceso fomenta y estimula la adopción de mecanismos y prácticas que aseguren la calidad de la educación ofrecida.

 

Conclusión

Todos estos desafíos son comunes para las universidades y casas de estudios que ponen en marcha procesos de acreditación. Algunos tienen mayor importancia que otros, o bien adquieren una nueva importancia durante el proceso mismo.

La capacidad que tenga la institución de superarlos está directamente relacionada con su nivel de convicción, es decir, cómo la casa de estudios asume el proceso, ya sea como una oportunidad o como una carga.

Claramente no es tarea fácil. Para lograrlo, los planteles tienen que incorporar buenas prácticas de tal manera que faciliten el desarrollo, gestión y continuidad del proceso de acreditación de principio a fin.

 

II. Buenas prácticas para un proceso de acreditación educativa  

 

Buenas prácticas para un proceso de acreditación educativa

 

En general, existe una positiva percepción sobre los beneficios a largo plazo que entrega un proceso de acreditación educativa.

La asociación Teachers Insurance and Annuity Association of America (TIAA) en Estados Unidos sostiene que este proceso “entrega una invaluable retroalimentación sobre cómo un programa o una escuela lo está haciendo.

Incluso la preparación para una visita de acreditadores tiene un efecto positivo cuando hay convicción de que los estándares aplicados hacen sentido y son garantes de calidad. Esta positiva evaluación del sistema motiva a las universidades a desarrollar y difundir buenas prácticas que faciliten instalar y medir el proceso de acreditación.

Entre la larga lista de buenas prácticas – que crece día a día – las siguientes están entre las más comunes y aplicadas:

 

1. Prepararse bien 

Toda la información y evidencia que la institución necesita recolectar, organizar y mostrar ya está dentro de su campus y salas de clases.

Si las escuelas y universidades organizan y unifican sus datos, ahorran tiempo, dinero y muchos otros esfuerzos. Más aún, existen soluciones tecnológicas como programas que hacen esta tarea más fácil, e incluso proveen nuevos enfoques para la gestión educativa.

“La mayoría de la información general que se necesita es similar o idéntica, por lo que tener una sola oficina con esa responsabilidad no solo ahorra tiempo, esfuerzo y recursos, sino también asegura la integridad y consistencia de la información entregada”, agrega la TIAA.

No obstante, aunque la data sea original o esté bien organizada, debe ser capaz de soportar críticas y cuestionamientos. 

 

2. Personalizar las mediciones

 

"Una talla no calza para todos”, dice la Universidad Carnegie Mellon en el informe de la consultora Hanover Research sobre buenas y mejores prácticas para la evaluación en Educación Superior.

Para esta universidad, el proceso de acreditación debe ser lo suficientemente flexible, retroalimentado y capaz de ajustarse a las realidades de enseñanza de los departamentos y escuelas bajo evaluación.

“Los modelos individuales de enseñanza, los departamentos y escuelas son los más indicados para determinar cuál es la mejor forma de medir a sus programas y estudiantes. Así como los programas y cursos individuales usan distintos enfoques, apropiados para diferentes contextos y distintos objetivos y metas. En la mayoría de los casos, es apropiado usar más de un tipo de medición, pero la compensación de diferentes herramientas de evaluación varía según el campus donde se realizan”, agrega Carnegie en el informe.

 

3. Acreditar lo antes posible

De acuerdo con la TIAA, cuanto más tarde una institución empieza su proceso de acreditación, mayor será el riesgo para la organización y sus individuos. Aún más, es más probable que el proceso no avance con facilidad. “Incluso las mejores instituciones y los mejores programas no son perfectos”, advierte la asociación.

Ciertamente, no es llegar y acreditarse. Toma tiempo prepararse, revisar y medir los datos, tomar conciencia de lo que se necesita acreditar, o bien hacer los ajustes necesarios.

Esto es especialmente cierto cuando lo que se necesita ajustar no se logra de manera instantánea. Por ejemplo, ¿qué tal si la institución necesita mayor experiencia académica en una determinada área? ¿O bien debe modificar el currículo a como dé lugar?

Aplicar estos cambios correctamente demora. Ambos requieren trabajo colaborativo académico que funcione bien en los plazos adecuados, “y que puede ser muy molesto si se hace con una pistola en el pecho”, sostiene TIAA.

 

4. Enfocarse en lo que realmente importa

“Los estudiantes de Educación Superior tratarán de aprender sólo lo que está medido. La casa de estudios se enfocará en medir lo que considera valioso para la calidad de la educación”, explica la consultora Hanover Research.

En el caso de la Universidad Carnegie Mellon, el valor está en los graduados que son creativos e ingeniosos en varios ambientes, que tienen aptitud de liderazgo y que pueden cooperar en esfuerzos de equipo cuando se requiere.

Así, la universidad se esfuerza por medir lo que es válido para estos atributos, incluso si son difíciles de instalar o carecen de confiabilidad y validación, dice Hanover.

 

Conclusión 

Las buenas prácticas en acreditación abundan. Es una lista sin fin a la cual cada universidad y casa de estudios contribuye constantemente. No obstante, ninguna buena práctica es completamente efectiva si no existe convicción de parte de los miembros de la institución.

 

III. Descripción y beneficios de cuatro estrategias que ayudan a las casas de estudio a prepararse para la acreditación 

 

Descripción y beneficios de cuatro estrategias que ayudan a las casas de estudio a prepararse para la acreditación

 

1. La importancia de prepararse para la acreditación mediante evaluaciones

Es una de las buenas prácticas más importantes que implementan instituciones que realizan este proceso. Porque para preparar un proceso de acreditación es preciso identificar primero para qué es necesario y por qué, así como los niveles a mejorar. Visualizar esas razones requiere de herramientas de evaluación y reportabilidad fáciles de entender y aplicar.

De acuerdo con la Nueva Alianza de Liderazgo, “reportar la evidencia y resultados del aprendizaje de los estudiantes tanto a nivel interno como externo fortalece el compromiso de la institución para el mejoramiento de programas y servicios que contribuyen a un alto nivel de logros estudiantiles”.

Como parte de esta reportabilidad, el directorio de una universidad o casa de estudios “debiera recibir regularmente reportes acerca de las evaluaciones del aprendizaje y esfuerzos de los estudiantes para usar esa evidencia en el mejoramiento de programas”.

Además, la institución puede asegurar la transparencia y responsabilidad al público dando acceso, en su sitio web y otros canales, a la evidencia más destacable del aprendizaje estudiantil, su uso, así como otros indicadores institucionales.

Por otro lado, muchas instituciones de educación superior desarrollan manuales y guías para dirigir y alinear las tareas individuales y colectivas con miras a la acreditación y educación de excelencia.

Por ejemplo, la Asociación de Nueva Inglaterra de Colegios y Universidades (NEASC) actualizó su manual de Normas de Acreditación, en el cual propone una estructura de evaluación clara y fácil de seguir:

  • Norma 1: Misión y propósitos
  • Norma 2: Planificación y evaluación
  • Norma 3: Organización y gobierno
  • Norma 4: Programa académico
  • Norma 5: Estudiantes
  • Norma 6: Enseñanza, aprendizaje y escolaridad
  • Norma 7: Recursos Institucionales
  • Norma 8: Efectividad educacional
  • Norma 9: Integridad, transparencia y divulgación pública

 

Conclusión

Apoyándose en herramientas de evaluación, es posible reportar y visualizar el estado de situación de la educación que ofrece el plantel. La institución diferencia así las áreas que funcionan óptimamente o no requieren atención inmediata, de aquellas donde apremia mejorar. 

 

2. El benchmarking ayuda a las universidades a comparar experiencias y buenas prácticas de acreditación

Posterior a la Segunda Guerra Mundial surgió el Movimiento de la Calidad y el concepto de Benchmarking, como parte de una nueva corriente internacional de negocios de posguerra que buscó cambiar y mejorar la imagen de producción de baja calidad que tenían varios países en la época. Estos mercados querían dar una nueva imagen de confianza y de “cosas bien hechas”, para competir en los mercados globales.

Recién a fines de los años 80 y mediados de los 90 que el benchmarking fue introducido como concepto en la gestión de Educación Superior, primero en América del Norte y luego en Europa.

Tal y como explica la iniciativa educativa europea ESMU, el benchmarking es un proceso voluntario de autoevaluación y auto-mejoramiento a través de la comparación sistemática y colaborativa de la práctica y el desempeño con organizaciones similares”.

Bajo esta premisa, el benchmarking da pie a un sinnúmero de políticas, métodos y herramientas usadas por instituciones públicas y privadas en todo el mundo. Su eficacia es aún mayor cuando estas entidades enfrentan situaciones y desafíos comunes a la entrega de educación de calidad, como es el proceso de acreditación.

El benchmarking es una metodología que se retroalimenta y evoluciona que es ideal para implementar el trabajo colaborativo entre varias instituciones de Educación Superior con el fin de mejorar sus procesos de acreditación.

 

¿Qué compara el benchmarking?

Las estrategias de benchmarking básicamente apuntan a lograr los siguientes objetivos:

  • Mejorar la calidad de la educación.
  • Mejorar la calidad de la investigación.
  • Preparar efectivamente a los estudiantes para la vida y el trabajo en un mundo globalizado e intercultural.
  • Mejorar la reputación internacional y la visibilidad de la unidad.
  • Entregar un servicio a la sociedad y contribuir al compromiso social.

Para cada uno de estos objetivos, la consultora inglesa de información en Educación Superior HESA identifica ocho categorías de implementación:

  1. Estudiantes
  2. Equipo interno
  3. Administración
  4. Aportes y finanzas
  5. Currículum y servicios académicos
  6. Investigación
  7. Promoción y marketing
  8. Servicios no académicos, campus y vida comunitaria

 

Experiencias en EE.UU. y Europa

Durante los últimos 20 años, las instituciones de educación superior en Estados Unidos han desarrollado una compleja red de colaboración acreditadora en diferentes niveles, desde lo estatal a lo federal.

Fue así como crearon un marco institucional correspondiente bajo el alero del Consejo para la Acreditación en Educación Superior (CHEA), organismo que reúne y apoya a 3.000 colleges y universidades garantes en sus procesos de acreditación; funciona como un centro de benchmarking y representa sus intereses.

CHEA ha sido testigo de la evolución de la acreditación en los Estados Unidos y está constantemente analizando y participando en discusiones públicas.

En su rol como un centro nacional de benchmarking, CHEA lista los siguientes temas y desafíos esenciales que impactan en la acreditación de colleges y universidades:

  • Educación superior y aseguramiento de la calidad y su relación con el gobierno.
  • Innovaciones y las llamadas tecnologías disruptivas, como los cursos abiertos masivos vía online (MOOCs) y distinciones abiertas.
  • Educación superior que cruza fronteras, en sus diferentes formas.
  • Armonización regional del aseguramiento de la calidad como un nuevo desarrollo.
  • Rankings y aseguramiento de la calidad.
  • Vínculos entre marcos calificadores y aseguramiento de la calidad.
  • Diversidad de los proveedores privados, incluyendo al sector con fines de lucro.

La experiencia europea

En Europa, en tanto, el enfoque en benchmarking se desarrolla desde mediados de los 90, ya sea como una iniciativa lanzada por un organismo nacional, o por una o un grupo de instituciones de educación superior, o por alguna entidad independiente.

Tal es el caso del programa europeo de benchmarking del Centro Europeo para la Gestión Estratégica de Universidades (ESMU por sus siglas en francés), que funciona a nivel transnacional enfocada en la efectividad de los procesos de gestión a nivel universitario.

De forma colaborativa, el programa opera con un pequeño grupo de instituciones de educación superior para la identificación de buenas prácticas.

En paralelo, un consorcio formado por cuatro instituciones del Viejo Mundo – ESMU, El Centro para la Educación Superior (CHE por sus siglas en inglés), el Centro Europeo Unesco para la Educación Superior (UNESCO – Cepes), y la Universidad de Aveiro – durante dos años desarrollaron un proyecto llamado “Benchmarking en la Educación Superior Europea”, mediante el cual analizan las bases, el presente y las oportunidades que el benchmarking ofrece a las universidades para mejorar sus procesos, lograr las acreditaciones y entregar una mejor experiencia de aprendizaje en un ambiente de excelencia.

A nivel país, en tanto, Finlandia tiene un positivo historial de benchmarking implementado exitosamente por universidades y casas de estudio técnico-profesional. Su Consejo de Evaluación de la Educación Superior Finlandesa (FINHEEC) – es un ente independiente experto en la asistencia a universidades, centros politécnicos y al Ministerio de Educación en temas relativos a la evaluación.

Este Consejo enfatiza fuertemente el rol de las instituciones de educación superior en las evaluaciones, así como un enfoque en la comunicación de dichas evaluaciones en los proyectos de medición”.

Sus principales tareas son:

  • Asistir a las instituciones de educación superior y al Ministerio de Educación.
  • Conducir la evaluación para la acreditación de los centros politécnicos.
  • Organizar evaluaciones de las actividades en la educación superior y mediciones relacionadas con políticas universitarias.
  • Iniciar evaluaciones en educación superior y promover su desarrollo.
  • Enganchar con la cooperación internacional en temas de evaluación.
  • Promover la investigación en evaluación en la educación superior.
  • Evaluar programas de estudio.
  • Evaluar instituciones y auditar la calidad del trabajo.
  • Programar y fijar temas de evaluación. Evaluaciones solicitadas por el Ministerio de Educación.
  • Seleccionar los centros de excelencia en educación y enseñanza adulta, así como del impacto regional en el sector politécnico, para las asignaciones de recursos basadas en desempeños.

Pasos básicos de benchmarking para la Acreditación

La académica y PhD. de la Universidad de Virginia, Sarah L. Collie, explica los siguientes pasos básicos para que toda la institución de Educación Superior implemente una estrategia de benchmarking exitosa:

Paso 1: ¿Qué se puede someter al benchmarking?

  • Identificar los procesos críticos de la organización.
  • Recolectar data interna para poder comparar.
  • Cómo medir el desempeño.
  • Entender las fortalezas y debilidades de los actuales procesos.

Paso 2: ¿A quién aplica el benchmarking?

  • Unidades internas. Comparación dentro de una institución.
  • Otras universidades. Comparación entre instituciones.
  • Comparaciones funcionales. A través de diversos escenarios: educación superior, ambiente corporativo, la industria etc.
  • Los mejores de la clase. Comparar con los aquellos que tienen un desempeño sobresaliente.

Paso 3: Recolección de datos

  • Recoger data comparativa, tanto cualitativa como cuantitativa.
  • Llamadas, encuestas, visitas a terreno, entrevistas, revisión de websites.
  • Recolección sistemática.  

Paso 4: Análisis de data

  • Brechas en el desempeño; ¿Son mejores los otros? ¿Por qué son mejores?
  • Nuevas estrategias y prácticas para adoptar. Cuáles prácticas podrían ser adaptadas y adoptadas.

Paso 5: Implementar mejoras

  • Plan de acción para aplicar los cambios.
  • Implementar los cambios.
  • Medir los resultados y su efectividad.

 

Conclusión

Con estos pasos las universidades y casas de estudio técnico-profesionales implementan, de manera simple y efectiva, una estrategia de benchmarking adecuada y pertinente a sus realidades.

Su aplicación eficiente permite mejorar procesos internos ya sea antes de iniciar un período de acreditación, o bien entre medio de procesos.

 

3. La Planificación Estratégica fija la hoja de ruta para una exitosa acreditación

Al igual que el benchmarking, una estrategia de planificación bien hecha puede ser la clave para la acreditación de una universidad.

Esta estrategia entrega las herramientas, variables y la visión de liderazgo necesarios para demostrar con pruebas que la institución de Educación Superior en cuestión realmente logra sus metas, usando el camino, los procesos y principios que la misma organización defiende.

En este contexto, la discusión sobre cómo un sistema educacional puede ser medido para saber si realmente funciona o no es de nunca acabar.

En algunos casos, las universidades han implementado planificaciones y procesos de mediciones que cumplen cuidadosamente, pero mejoran nada porque las instituciones eligieron métricas incorrectas o irrelevantes.

 

Elementos claves de la planificación estratégica

Según la Sociedad para la Planificación en Colleges y Universidades (SCUP) de Estados Unidos, la planificación en una institución de educación superior es un proceso continuo que básicamente apunta a lograr una cultura de compromiso total dentro de la organización, que la llevará hacia la excelencia.

“Un proceso bien diseñado e implementado de planificación estratégica puede proveer a una institución amplias conversaciones acerca de importantes decisiones. Además, el proceso puede ser organizado para facilitar las mediciones, asignación de recursos y acreditación, y ser también una fuente de información acerca del progreso y los logros con un verdadero significado para quienes están vinculados a la institución”, explica la profesora Karen E. Hinton en la Guía Práctica de Planificación Estratégica en Educación Superior de SCUP.

 

De acuerdo con esta Guía Práctica de la SCUP, son cinco los componentes esenciales de toda planificación estratégica exitosa: 

 

  1. Declaración de la misión. “Esta declaración delinea, en un lenguaje conciso, por qué la institución existe y cuál es el objetivo que sus operaciones buscan alcanzar”.

  2. Valores. “Estos explican lo que la institución sostiene o defiende y la forma en la que pretende conducir sus actividades. En algunos casos, estos valores son tan importantes que la organización tiene programas y mediciones para apoyar y mantenerlos como elementos claves de la gestión”.

  3. Visión. “Es una descripción clara de la institución respecto de en qué quiere convertirse en un período de tiempo determinado. La declaración de la visión define la posición estratégica de la organización en el futuro y los elementos específicos de esa posición con relación a la declaración de la misión”.

  4. Metas y Objetivos. “La meta implica un logro específico, un objetivo cumplido y ‘checkeado’. En tanto, la palabra objetiva es ligeramente más general en su connotación. Un objetivo ayuda a fijar el curso a través de una directriz general, pero un objetivo no contiene comúnmente especificaciones como parte de su definición”.

  5. Plan de implementación. “Convertir las metas y objetivos en un plan de trabajo es la función del plan de implementación. Esta parte del proceso de planificación estratégica generalmente no es de uso público y pocas veces está disponible para el directorio de la entidad”.

 

Criterios de acreditación
Mientras tanto, este es el criterio utilizado por la Comisión de Enseñanza Superior de Estados Unidos (USHEC) para evaluar a las instituciones que postulan a un certificado de acreditación.

Criterio I: Misión

La misión de la institución y el estándar de educación que sigue, deben ser claros y entendibles para el público en general. La naturaleza y alcance de la institución deben estar articulados públicamente. El énfasis que hace la institución en investigación, becas, instrucción y programas académicos debe ser conocido por el público en detalle.

Criterio II: Integridad

La institución actúa con integridad para asegurar el cumplimiento de su misión a través de estructuras y procesos que involucran al directorio, administración, facultad, personal y estudiantes.

Criterio III: El aprendizaje del estudiante y eficacia de la enseñanza

La institución proporciona evidencia de la eficacia de enseñanza y el aprendizaje de los estudiantes que demuestra que cumple con su misión educativa.

Criterio IV: Aplicación del conocimiento 

La institución promueve una vida de aprendizaje para su facultad, administración, personal y estudiantes al fomentar y apoyar la investigación, creatividad, práctica y responsabilidad social de manera coherente con su misión.

Criterio V: Recursos, planificación y eficiencia institucional

Los recursos, infraestructura y procesos de la institución son suficientes para cumplir su misión, mejorar la calidad de su oferta educativa y responder a los futuros retos y oportunidades. La institución planifica para el futuro.

 

Conclusión

Existe un fuerte vínculo entre un proceso de acreditación y la planificación estratégica de una institución de educación superior.

De hecho, una universidad o casa de estudios técnico-profesional podría asimilar la acreditación como un elemento constante de su planificación estratégica y asumirla como una verdadera cultura de mejora continua.

 

4. El uso de tecnología en las evaluaciones para la acreditación

Las instituciones de Educación Superior están incorporando tecnología en sus evaluaciones internas para almacenar, controlar y gestionar datos esenciales necesarios para monitorear procesos, identificar brechas y bajos desempeños, para solucionarlos y mejorarlos.

Estas tecnologías apuntan a potenciar la gestión institucional y también la experiencia de aprendizaje de los estudiantes, en particular los niveles de retención y compromiso estudiantil.

Según la Academia de Educación Superior de Reino Unido, “mediante el uso de tecnología relevante, la experiencia del estudiante puede ser mejorada a través de un mejor acceso a la información de las evaluaciones, un rango mayor de tareas, retroalimentación más rápida y automatizada, y mediciones de apoyo a los pares y en grupos”.

 

Principales beneficios de evaluaciones mejoradas con tecnología

Muchas instituciones han definido las ventajas de medir el desempeño académico y administrativo mediante herramientas tecnológicas. 

La organización sin fines de lucro británica JISC las resume de la siguiente manera:

  • Gran variedad y autenticidad en el diseño de evaluaciones.
  • Compromiso del alumno mejorado, por ejemplo, a través de evaluaciones formativas e interactivas con retroalimentación adaptativa.
  • Facultad de elegir el plazo y ubicación de las evaluaciones.
  • Captura amplias habilidades y atributos que no son fáciles de medir por otros medios, por ejemplo, a través de simulaciones, e-portafolios y juegos interactivos.
  • Eficientes procesos de cumplimiento, calificación, moderación y almacenamiento de datos.
  • Resultados precisos y consistentes con oportunidades de combinar calificaciones personales y automatizadas.
  • Retroalimentación inmediata.
  • Más oportunidades para los estudiantes de actuar de acuerdo con la retroalimentación que reciben.
  • Enfoques innovadores basados en el uso creativo de medios de comunicación, pares online y autoevaluaciones.
  • Evidencia precisa, accesible y a tiempo en la efectividad del diseño curricular y la entrega de éste.

 

La necesidad de integración

Varias instituciones han destacado la necesidad de contar con una mayor integración en las evaluaciones, para mejorar el crecimiento académico global y la colaboración internacional.

“Esto puede tener implicaciones para la experiencia del estudiante. Es vital que las instituciones trabajen para asegurar que la infraestructura técnica y los sistemas estén en el lugar correcto, y que los equipos y técnicos puedan trabajar con los docentes para entregar de manera exitosa tecnologías relevantes. Los marcos regulatorios también necesitan adoptar la demanda por mejores evaluaciones basadas en tecnología, particularmente en relación al cumplimiento online, la seguridad y la protección de datos”, dice JISC.

 

Conclusión

De acuerdo con la consultora de tecnologías de la información Gartner, la Educación Superior se caracteriza por ser una industria conservadora y de lenta evolución. En particular cuando se trata de la adopción de soluciones tecnológicas, dado que la innovación proviene principalmente desde fuera del sector educativo.

No obstante, las casas de estudios están apoyándose cada vez más en tecnología para eficientizar procesos de gestión internos como es la acreditación institucional y de sus programas de estudios.